Los autos de carreras clásicos superan sus límites a medida que el hielo comienza a derretirse

El ICE St. Moritz es conocido por su entorno surrealista: un lago helado transformado en un escenario de carreras. Pero a medida que suben las temperaturas, también lo hace el desafío. Cuando el hielo empieza a derretirse, solo los pilotos más valientes y las máquinas mejor equipadas pueden con las condiciones.
Este año, el espectáculo fue aún más intenso: los autos de carreras clásicos se deslizaban por la superficie fangosa, levantando agua y hielo con sus neumáticos. Era una vista inusual: clásicos multimillonarios, generalmente exhibidos en museos o en colecciones privadas, abriéndose paso a través de terrenos impredecibles con el mismo brío que en su mejor momento. Cada momento parecía una batalla entre el hombre, la máquina y la naturaleza: un emocionante recordatorio de que las carreras nunca se han tratado solo de... velocidad, sino de resiliencia y habilidad.